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Mi Esquina Socrática

Todd Robinson de regreso
Fecha de Publicación: 07/08/2018
Tema: Otros
Los vividores a costa de los demás nunca cejan en sus propósitos. Pues, por supuesto, han de comer a diario.

A Todd Robinson, después de su breve y fracasada incursión por Venezuela, nos lo ha endilgado de nuevo el flamante Secretario de Estado de Mr. Trump, Mike Pompeo. Como si no tuviéramos ya otros muchos de su calaña instalados cómodamente entre nosotros, y hasta algunos más igualmente afines a Mr. Obama y a Mr. Robinson aunque no sean gringos, tales como Edgar Gutiérrez, Eduardo Stein, Helen Mack y aun algún que otro señorito del sector productivo del país así como demás personajes muy bien conocidos por estos lares.

¿Nos habremos vuelto para el Departamento de Estado, depósito de sus sobrantes perniciosos como si de ellos aquí no tuviéramos ya los suficientes autóctonos?

Pero mi mayor preocupación por el futuro de este excepcional país y de sus tantos nobles moradores de mi conocimiento personal, entre los cuales quiero ahora recordar aquí al inolvidable y recién fallecido Guillermo Mata Amado, lo continúa siendo esa terca presencia tan dañina a todos de la CICIG, que mantiene económicamente paralizado al país al desalentar a los inversionistas del exterior con sus arbitrariedades reiteradas y encima luego de haber hecho trizas lo poco que nos quedaba de un Estado de Derecho.

Pues coparon desde el principio, estratégicamente, el poder judicial empezando por el Ministerio Público y coronándolo con la dictadura que les es siempre obsequiosa de tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad, y que parecen no descansar hasta que hayan cooptado los otros poderes soberanos del Estado guatemalteco. Recuérdese que el pretexto para su intromisión tan abusiva fue el de “ayudarnos” en el sector justicia.

A todo ello añadamos la ausencia casi total de un enérgico y conocedor Poder Ejecutivo durante los últimos cinco ejercicios consecutivos del mismo, o sea de Portillo al actual.

Lo que parecería justificar esa demanda universal por recuperar un Poder Ejecutivo efectivo como resistencia al interno a cualquier forma de anarquía, tal cual lo ilustró magistralmente Robert Nozick en su clarividente estudio intitulado “Anarchy, State and Utopia” (1974).

De acuerdo a este autor no bastaría proclamarse “ni corrupto ni ladrón”, y hasta inclusive serían preferibles gobernantes en lo personal menos virtuosos pero al menos más eficaces y diestros en su oficiode gobernar.

Pues siempre ese oficio se ha mostrado dificilísimo de ejecutar en cualquier partes, pero que tras cuatro mil años de ensayos y errores ya deberíamos en todo el Occidente haber aprendido en qué consiste.

Por eso en alguna ocasión previa no menos aludí a otro texto igual de retador de acuerdo a lo ambicioso de su título: “El Fin de la Historia”, de Francis Fukuyama (1992).

En esta última obra, su autor constata que a ese mismo plazo de milenios ya hemos aprendido mayoritariamente que la forma democrática de gobierno y el libre mercado son los pilares imprescindibles y universales para el arte del buen gobierno. Esto es, la inclusión universal de una estructura política de pesos y contrapesos, lo que llamamos una “República” y también, su equivalente jurídico, el Estado de Derecho.

Nuestro problema particular aquí, de momento, reside en que el susodicho Robinson, así como el puñado de sus irresponsables simpatizantes chapines, no parecen haberse enterado de todas estas aseveraciones en absoluto. O sea, que de hecho se comportan todavía como analfabetas funcionales en estos tiempos del internet.

Lo que me lleva de regreso a ese otro tema inevitable, el de la educación pública deficiente, hasta ahora el sello macabro para identificar el subdesarrollo. Pues ha permanecido por demasiado tiempo en manos de políticos, apenas alfabetizados en lo moral o ético. De ahí que, por ejemplo, los programas de educación en valores y también en civismo apenas contengan las nociones más superficiales para el sistema público sin dejar huella para el adulto del mañana.

Por eso, la mayoría de nosotros nos hemos acostumbrado a relegar la ética profesional a un lugar secundario en nuestras preocupaciones diarias, cuando debería ser la constante columna vertebral que nos mantenga productivos y en paz de conciencia.

Entonces, supuesta esa intromisión de tantos políticos mediocres en la educación de nuestros jóvenes, ¿qué podemos esperar, pues, de nuestros funcionarios, electos o designados?

Por eso, ante todo, deberíamos corregir y ver explicitadas por cada corriente política sus estrategias para elevar la calidad de la educación moral de la población en todas las convocatorias a elecciones generales.

Otro reciente indicio de esa inseguridad ética nos lo ha suministrado la noticia de una inesperada reunión organizada muy discretamente, y fuera de nuestras fronteras, lejos, por lo tanto, de posibles análisis críticos de sus futuros electores, por ciertos dirigentes políticos guatemaltecos pero en la vecina República de El Salvador.

Para mi sorpresa, entre ellos figuraron algunos personajes de mi entero respeto, así como otros lamentablemente para mí nada respetables.

Pues me llamó la atención tanto sigilo para un encuentro en la tierra de un Presidente, Salvador Sánchez Cerén, exguerrillero de la Farabundo Martí, que simultáneamente desde la Habana proclamaba a voces su solidaridad con el asesino nicaragüense de centenares de jóvenes centroamericanos, Daniel Ortega.

¿Pretendían acaso esos chapines ahorrase un posible reclamo por parte del TSE guatemalteco bajo el rubro de “campaña anticipada”?

Pero, de nuevo, todo eso lo conceptúo como una prueba más de nuestra desorientación ética cuando incursionamos en la vida pública. ¡Y estamos ya en los comienzos del tercer milenio a partir de aquel bochornoso ejemplo de Poncio Pilatos!

Porque, reitero tomándolo de un gran mentor: “instruir puede cualquiera, pero educar solo quien sea un Evangelio vivo”.

Por eso, Todd Robinson y comparsa: ¿a qué viene esa pretensión de darnos lecciones de civismo vía CICIG o del Departamento de Estado?

La campaña electoral está otra vez en marcha, y de ello me alegro porque al menos podría servirnos quizás de freno momentáneo a ese ímpetu dictatorial de sólo tres Magistrados de la Corte de Constitucionalidad que hasta ahora han constituido muy irresponsablemente una mayoría desastrosa en esa misma Corte.
(Continuará)
 
 
   
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