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Teorema

Los de la foto
Fecha de Publicación: 21/04/2013
Tema: Gobierno

 

Se dice que los pintores son capaces de ver la realidad (o imaginarla) de una manera especial. Que ellos perciben lo que otros no logran visualizar. Yo agregaría que quienes no son artistas, en cambio, pueden advertir detalles que escapan al virtuoso. Y generalizo diciendo que a todos nos pasa igual, unos consiguen intuir algo que otros no, pero estos pueden ver aspectos que pasan inadvertidos a los primeros.

 

Como una gran mayoría, he seguido con atención los sucesos alrededor del Juicio del Año. No he estado en la sala de vistas ni tengo información confidencial. Me he limitado a leer periódicos, ver telenoticieros y escuchar la radio. Esto es lo que yo he visto:

 

Ríos Montt. Aquella mirada que enfatizaba la intensidad de su discurso cuando fue Jefe de Estado ha cambiado radicalmente. Esta vez sus ojos transitan sin rumbo por la sala o se quedan fijos en sus manos, dando la impresión de estar bajo el efecto de sedantes. Parece no comprender plenamente que es a él a quien están juzgando y que el veredicto determinará cómo será recordado. Que los jueces frente a él estarán decidiendo si lo colocan o no, al lado de Stalin, Chang Kai-Shek, Genghis Khan, Hussein y Hitler. Que sin dilucidarlo mucho, lo positivo que pudo haber hecho, podría carecer de significado. Aunque su aspecto busca despertar simpatía, me pareció que Ríos Montt muestra la dignidad que su trayectoria política exige. Hace pensar que, como afirma Kaltschmitt, el anciano que ahora enfrenta los cargos más graves que puedan hacerse contra una persona, es alguien con quien los ciudadanos libres (excepto los de izquierda) tenemos una deuda de honor.

 

Zury Ríos. En el pasado nunca sentí mayor simpatía por ella. En ningún momento tuve claro cuánto del mérito en su vida pública es suyo y cuánto proviene del líder más carismático que tuvo Guatemala entre 1976 y 2006. Ahora, en los tribunales veo a una hija solidaria, valiente, atenta, gentil y considerada con su padre. Admiro su valor y su entrega. Entiendo que tiene un hermano, supongo que debe pensar mal de él.

 

Danilo Rodríguez. El más mediático de los defensores de Ríos Montt fue miembro de las FAR (la primera organización guerrillera formada en el país, por Yon Sosa y Turcios Lima, inicialmente con el nombre de MR-13). Después de años en combate, Rodríguez abandonó la guerrilla y se incorporó a la vida civil como abogado. Fue columnista de opinión; en sus escritos buscaba introducir principios de legalidad en la vida política. Hombre de pensamiento claro y personalidad taciturna, sorprendió encontrarlo en la defensa de quien en algún momento fuera su enemigo mortal (textualmente hablando). La gente de izquierda lo considera traidor a los ideales que ellos sustentan, acusación que Rodríguez debió anticipar y evaluar antes de aceptar la defensa de Ríos Montt. Dado ese alto costo personal, el abogado debió estar convencido de la inocencia de su cliente.

 

Jazmín Barrios. Corresponde a un sicólogo calificado y con amplia experiencia, hacer la fotografía de la juez Barrios. El primero y el último día (jueves 18.4.13) del juicio, la vimos por la televisión en sendos berrinches plenos de gesticulaciones y aspavientos, su rizado cabello en desorden, los ojos llenos de ira, toda ella gritando fuera de sí. Creo que su comportamiento ha incidido en el fracaso del proceso, pero eso no es culpa suya sino de quien le confió conducir el Juicio del Año. No se necesita ser juez, ni siquiera abogado para anticipar que este iba a ser un juicio particularmente complejo y que iba a desarrollarse bajo una carga mediática intensa. Así, el tribunal debió estar compuesto por los mejores jueces, por profesionales con una personalidad desarrollada, plenos de autoridad, prestigio y ascendencia moral sobre las partes, por los mejores. La gente del fútbol sabe que un árbitro de la liga infantil no está capacitado para pitar una final de campeonato de la liga mayor.

 

Diez ciudadanos. Investidos con autoridad moral, diez profesionales ampliamente conocidos en Guatemala publicaron un campo pagado en el cual advertían sobre las consecuencias que un veredicto condenatorio podría tener, no para los militares implicados sino para el país, para todos los ciudadanos. Develaron que el juicio contra dos generales era una cortina que cubría algo mayor: una trama en contra de los intereses nacionales. Si el tribunal, como era más que previsible, sentenciaba a los acusados por genocidio, esa sentencia convertiría a Guatemala en un país paria. Nos situaría, en materia de derechos humanos, por debajo de cualquier otro país sobre la tierra. Los crímenes por los que se juzga a los acusados se convertirían en crímenes nuestros y todos seríamos irremediablemente criminales. Después de 70 años, los alemanes no han conseguido olvido para lo sucedido en su patria. Ni siquiera, después de dos mil años, los judíos han logrado el pleno olvido. Así, nosotros nos veríamos, durante generaciones, condenados a pagar con deshonor, oprobio, ignominia y humillación.  Estoy convencido de que la publicación fue decisiva en la suspensión del juicio. Que esa denuncia pública, financiada con sus propios recursos, fue un acto ciudadano que los enaltece. Una prevención en tiempo, digna del mayor encomio. Los distintos grupos que apoyaban la acusación se volcaron en contra de esas diez personas con furia inaudita. En particular se han ensañado contra Porras, Stein, Zapata y Zelaya a quienes consideraban de los suyos. Les han llamado traidores a su causa, cuando precisamente lo que evitaron es acaso el mayor acto de traición a la patria de todos los tiempos.

 

La CICIG. A principios de semana, unas declaraciones de Maduro me dejaron estupefacto. Decía, refiriéndose a Capriles, que debía pensar en una Venezuela en paz; que las declaraciones exaltadas (de Capriles), no conducían a nada bueno; que era necesario comportarse dentro de patrones democrático rígidos… ¡Buena vos! ¡Qué caradura! pensé. Poco después volvía experimentar idéntica sensación al leer el comunicado de la CICIG. Extraigo textualmente unas frases:

…(CICIG) ha observado a la distancia el proceso…; Deben los jueces resolver libres de cualquier amenaza, pues la independencia judicial es un derecho humano…; …preocupa a la CICIG la campaña de campos pagados…; …figuras que en otro momento enarbolaron la bandera de los derechos humanos y gozaron de la confianza de la comunidad internacional, entre ellos Eduardo Stein, Gustavo Porras, Raquel Zelaya y Adrián Zapata…
Y termina afirmando: …la CICIG llama a la mesura…

Para mí fue sorpresivo saber, a través de ese comunicado, que la CICIG no participa oficialmente en el proceso. Sin embargo, extra oficialmente, tiene metida algo más que la nariz. Lo delata su inmediata reacción a través del comunicado anterior ¿Independencia judicial? ¿Acaso la CICIG no ha desarrollado una intensa campaña de amedrentamiento a jueces y otros miembros del sector justicia? El mismo Dall’Anese ha juzgado y condenado públicamente la decisión de la juez Flores expresando que asimismo, la CICIG se hará cargo de su castigo ¿Le preocupan los campos pagados? ¿Acaso no es precisamente con uno de ellos que refiere lo anterior y, a diferencia del hecho por los diez ciudadanos, el de CICIG utiliza fondos de la comunidad internacional? ¿Cómo se atreve la CICIG a censurar a diez ciudadanos por ejercer el más elevado de sus derechos? ¿Acaso olvida la CICIG que su instalación sucede mediante legal pero desafortunada  intersección de uno de los diez? ¿Acaso no hay antecedentes de conflicto personal entre Stein y Dall"Anese? Cuando la CICIG afirma: ..."quienes gozaron de la confianza de la comunidad internacional..." ¿Acaso tal declaración no implica que los mencionados dejaron tirada la bandera de los derechos humanos y que ahora ya no cuentan con la confianza y el apoyo de la comunidad internacional? ¿No es ese un acto de franca represalia y coerción en contra de ciudadanos honorables?

 

Eso forma parte de lo que yo vi. Si usted vio algo distinto ¡bienvenidas las diferencias!